Capítulo 10 - El embrutecimiento
Sólo el título ya asusta, se avecina escena porno de las buenas. Empezamos por una referencia a Cap D'Agde, el denominado paraiso liberal de Francia (en contraposición a la Francia profunda que mencionaba en el anterior capítulo), en donde conocen a una nueva pareja de dominadores.
Me gusta la frase "Pierre y yo, que nunca habíamos visto nada semejante, nos quedamos asombrados..." , es la primera vez en que avanzan juntos, en que descubren algo juntos al aparecer esta pareja con posterioridad al inicio de su relación.
Esperad, que estoy escribiendo al tiempo que leo y se me está cayendo la baba con la descripción de los juguetes...ahora vuelvo
Me gusta también la presentación de Alexia, en términos míticos. Queda patente la educación elitista europea, incluso religiosa, de Vanessa, al comparar su avance como una escalada en la jerarquía. Una jornada intensa donde vemos a Pierre poseyéndola en público y luego en privado, vamos, lo que se dice una sesion de sexo salvaje.
Y vamos a por el embrutecimiento, del que, para variar, no le dicen en qué va a consistir, lo que le produce esa mezcla de miedo y excitación que tanto el gusta a ella. Ya al principio del libro nos avisaba de que le atrae el miedo. La escena, desde luego, es brutal, un gang bang bastante salvaje y degradante, catártica hasta lo más hondo de su ser y de su educación, que le revuelve la conciencia igual que las entrañas. ¡Bien por Pierre!, él se da cuenta y lo para en seco. Me hubiera gustado ver la cara de él cuando Vanessa le dice lo de que nadie le ha impuesto nada que no haya deseado. Esa frase es muy reveladora de su fortaleza interior.
La expresión "cuando volví a ser dueña de mí misma" es paradójica y lógica al mismo tiempo; ella, durante un instante había cedido a los propios prejuicios o condicionantes de su educación, en ese momento sintió miedo, pero del malo; al tranquilizarla Pierre puede volver a ser dueña de sí misma, vuelve a ser capaz de ceder el control a su Amo. Esta escena me resulta muy interesante y emocionante, y hace reflexionar.
La escena del embrutecimiento acaba como una porno al uso, pero nos deja esa escena catártica intermedia (está visto que no tienen miedo a las ETS).
La guinda al pastel ya la pone la visita al club de intercambio donde ambos dan rienda suelta a su exhibicionismo. Especialmente deliciosa se me antoja la escena en la que Läika, a petición propia, orina en una cubitera, aún emcapuchada en terciopelo negro y ataviada con sus medias de rejilla, su arnés y su bustier de cuero (supongo que los tacones los da por descontado).
Una última reflexión sobre esta escena, nosotros mismos, las personas que estamos leyendo estas líneas, nos hemos convertido en voyeurs de Läika, sospecho que cuando describió estos hechos disfrutó imaginando la excitación que causaría en todas las personas que la leyeran. El hecho de que declare lo mucho que le gustó sentirse objeto del deseo de tanta gente desconocida me parece hasta una especie de guiño al lector (o lectora) para que participe, excitándose e incluso masturbándose en su honor; de alguna forma, en aquel club nos colamos millones de lectores y lo seguimos haciendo, y aún hoy, años después, todos participamos en su "embrutecimiento".